Cuarto domingo de Adviento (ciclo C):
Desde el seno materno
Este domingo anterior a la Navidad las lecturas nos invitan a colocarlos en un lugar privilegiado. Es como un asiento de primera fila en el teatro o en el fútbol. Desde aquí se aprende, mejor que desde ningún otro sitio, lo que quiere decir la Navidad.
¿De qué lugar se trata? La primera lectura nos habla de la mujer que está punto de dar a luz al Mesías. En el evangelio vemos el encuentro de dos madres, María e Isabel, que es también el encuentro de los niños que llevan en el seno: Juan Bautista y Jesús. La segunda lectura nos transmite la actitud del Hijo de Dios, ya desde el seno de su madre: ¡Aquí estoy para hacer tu voluntad!
Con esto entendemos cuál es el lugar adonde la Iglesia quiere que lleguemos al final del camino de Adviento: el seno materno.
No sé si conocen la historia de aquel hombre que, aburrido de su casa y su familia, marchó por el mundo en busca de la felicidad. Caminó de valle en valle y de cumbre en cumbre pero en ningún lugar hallaba la deseada alegría. Hasta que al final, después de meses de larga caminata, reconoció la casa de sus sueños. Todo le parecía perfecto: el jardín, las habitaciones, la gente que vivía en ella. Pero entonces nuestro hombre se dio cuenta de que, después de mucho viajar, había dado la vuelta al mundo y estaba otra vez en su propia casa y entre su familia. Todo aquel viaje le fue necesario para apreciar de nuevo el valor de lo que tenía.
El camino del Adviento es muy parecido. Se trata de volver al lugar de donde empezamos nuestro camino en la vida. Solo el que se hace como un niño puede disfrutar la Navidad. ¿Por qué?
Pensemos en la escena de la visitación. María e Isabel se encuentran. Pero son los niños, todavía no nacidos, los más activos en la escena: ellos saltan de alegría y hacen así que las madres reconozcan la obra de Dios en ellas.
El niño está lleno de alegría porque sabe ver la obra de Dios. Cuando se acercan las fiestas navideñas nosotros tratamos de disfrutarlas comprando muchas cosas, grandes comidas o preciosos regalos. Pero todo esto, en vez de ponernos alegres, nos deja tristes. El niño pequeño, en el vientre de su madre, nos recuerda la importancia del primer don, el don fundamental de la existencia. En la segunda lectura se nos repiten las primeras palabras de Jesús en el mundo: desde el principio la vida de Jesús es un sí total al plan de Dios y a su voluntad.
Es un buen momento para rezar por tantas víctimas del crimen del aborto. El que lo comete o ayuda a cometerlo atenta contra la misma razón de la existencia, contra el sí fundamental a la vida como un don de Dios. Por eso el aborto nos deja ya sin razones para disfrutar de nada, porque hemos dicho que no al fundamento sobre el que se construye la felicidad.
Navidad es recobrar esta mirada sencilla sobre nuestra vida. Es aprender a reconocer el don cotidiano de todo lo que tenemos: nuestra mujer o esposo, nuestros padres, nuestros hijos, nuestro hogar y nuestro trabajo. Solo los humildes y pequeños, los que están acostumbrados a sorprenderse por cada pequeño don de su existencia, reconocerán al verdadero regalo cuando llegue: “¡Un niño nos ha nacido!”
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