Cuarto domingo de Adviento, ciclo A:
El camino después del camino
Las lecturas de hoy son la preparación inmediata al misterio de la Navidad: la corona de Adviento se completa, la cuarta luz se enciende. Se nos dice: esto es todo lo que, por parte de los hombres, podemos poner nosotros de luz. Hasta aquí nuestras lámparas, ahora viene la lámpara del Señor. ¿Cómo es esa luz, la luz que enciende Jesús en nuestra vida?
Esa luz, nos dicen hoy las lecturas, tiene la forma de un camino. Nuestro camino del Adviento, este camino en la noche que emprendimos hace algunas semanas, cobra sentido nuevo en este cuarto Domingo. Pues podríamos pensar que al llegar la Navidad hemos encontrado ya la meta. ¡Y lo que ocurre es que nos encontramos con otro camino! Ahora va a empezar el camino de Jesús, que el Apóstol Pablo nos indica en la segunda lectura: el que nace en Belén crecerá y vivirá entre nosotros, morirá y será resucitado el día de Pascua, llevándonos así hasta la vida eterna.
Y eso es precisamente lo que necesitamos en nuestra vida, una luz que se hace camino para nuestros pasos débiles. Cuentan la siguiente anécdota del matemático John von Neumann, el típico genio distraído. Un alumno le abordó por los pasillos para pedirle ayuda con un problema. “Está bien, hijo, siempre que sea una cosa rápida, hoy tengo trabajo”. “Estoy teniendo problemas con esta integral,” dijo el estudiante. Neumann echó un vistazo: “Hijo, el resultado es dos pi elevado a cinco”. Replicó el muchacho: “eso ya lo sé, profesor, la respuesta está al final del libro, lo que quiero es saber cómo se llega ahí”. “Está bien, déjame verlo otra vez”, le respondió Neumann. Y después de una pausa: “Hijo, el resultado es dos pi elevado a cinco”. Otra vez respondió el chico: “eso ya lo sé, señor, mi problema es cómo llegar allí”. Y Neumann: “Pero qué más quieres, muchacho, te he resuelto el problema por dos métodos diferentes...”
La moraleja: compartir el conocimiento es mucho más que dar el resultado. Significa elevar al alumno para que participe de la mente del profesor. Dios obra de otra forma: no nos transporta a la meta de forma mágica, sino que nos enseña el camino para que nosotros lo recorramos. Jesús es el Camino, un Camino que comienza en la tierra y alcanza el cielo. Nuestra ruta termina en Belén, y justo allí comienza el Niño a andar, a crecer, a abrir un camino para el hombre.
Hoy se te invita por tanto a tomar a cuestas todas tus dudas y oscuridades, aquellas con que comenzaste el Adviento. Entrega al Niño de Belén todo lo que te inquieta sobre tu futuro, tus miedos, tus ansiedades, el mañana de tu familia y de tus hijos. Él lo recibirá como tu regalo. Y te dará una respuesta: sígueme, camina detrás de mí, y encontrarás la luz en tu sendero.
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