Fiesta de Cristo Rey - ciclo B:
Cristo, Juez del amor
“¿Tú eres rey?”, dice Pilatos a Jesús. El Maestro responde: “Tú lo has dicho. Yo para esto he venido... para dar testimonio de la verdad...”. Ser rey, para Jesús, es lo mismo que dar testimonio de la verdad. Y es que los reyes, en tiempo de Jesús, eran también los que administraban justicia. El rey es, al mismo tiempo, el juez, el que juzga según la verdad. La fiesta de Cristo Rey, que celebramos hoy, es también la fiesta de Cristo juez: juez de todos los hombres y de todas las cosas.
El ejemplo de juez justo es, en la Biblia, el de Salomón. ¿Recuerdan cuando le presentaron dos mujeres que se peleaban por un niño, reclamándolo como hijo suyo? Salomón decidió: partan al niño por medio y den una parte a cada una. A la falsa madre aquello le parecía bien. Su amor no era amor verdadero, buscaba solo quedar por encima, satisfacer su necesidad de dar cariño, tener compañía... pero no le importaba nada el mismo niño. La verdadera madre fue la que dijo: “dénselo si quieren a la otra mujer, pero no le hagan ningún daño...”
¿Hay en nuestras relaciones con los demás solo egoísmo, deseo de que nos quieran o adulen? ¿O amamos a nuestro marido, mujer, hijos o hermanos por lo que ellos son, incluso aunque nos suponga sacrificio? Hay un juez que responderá a esta pregunta al final del tiempo: Jesús.
Les pongo otro ejemplo de buen juez. Esta vez se trata de Sancho Panza, el famoso escudero de Don Quijote. En una de sus aventuras le toca presidir un juicio. Una mujer se queja de que un campesino ha abusado de ella, quitándole el honor por la fuerza. Sancho ordena al hombre que pague a aquella mujer una bolsa con monedas de oro. El campesino lo hace, a regañadientes. Enseguida Sancho le ordena: ahora recupera tu dinero. El hombre lo intenta pero es imposible: la mujer defiende la bolsa con uñas y dientes. Entonces Sancho Panza da su sentencia: mujer, no tuviste fuerza para defender tu honra, y ahora, sin embargo, no hay quien te quite la bolsa. Me parece que amabas más el dinero que tu propio honor...
De nuevo vemos que el buen juez descubre el amor verdadero. ¿Por qué luchamos en la vida? ¿Tenemos más empeño en ganar dinero, placer o prestigio, que en defender el amor de nuestra familia? ¿Qué es aquello que amamos tanto, que nadie nos podrá quitar, aunque tengamos que dar la vida? La respuesta la dará, el último día, Cristo Juez.
¿Cómo te presentarás ante Él? No debes tener miedo. Tu juez es aquel que ha muerto para rescatarte. Acércate a Él y pide que haga fuerte tu amor, que te dé un amor como el suyo. Un amor que ame a los demás como lo que son, y que sepa luchar hasta el fin por el amor de verdad, el que dura, el que construyes día a día en tu familia.
© 2006 Fr. José Granados, All Rights Reserved