Trigésimo primer domingo del tiempo ordinario (C):

 

La casa nueva de Zaqueo

Escuchamos hoy la historia de Zaqueo. Zaqueo es un hombre de baja estatura, tanto física como moral. Es un jefe de recaudadores de impuestos, seguramente alguien que había hecho carrera y trepado hasta una alta posición. Y a pesar de todo, seguía siendo pequeño. El dinero no consiguió hacerle crecer. Zaqueo, diríamos, tiene una casa muy grande y muy rica, pero no ha podido construir un hogar.

Entonces llega Jesús. Jesús también está subiendo, pero de forma muy distinta: Él no sube para trepar a puestos de honor, o para almacenar dinero: sube a Jerusalén, a dar su vida por todos.

Y Jesús transforma la vida de Zaqueo: “Hoy ha venido la salvación a esta casa.” A Zaqueo, que no tenía hogar, Jesús le regala un hogar.

Hay algunas madres que, cuando les preguntan cual es su profesión, responden: homemakers, constructoras del hogar. Podríamos decir que, en su camino, Jesús es el gran constructor de hogares. El evangelio de Zaqueo es el que se reza precisamente en la bendición de una casa, cuando invitamos a Jesús a venir a ella.

La primera forma de construir un hogar es a través del perdón. Jesús se para y mira a Zaqueo. Jesús acoge a Zaqueo, le hospeda con su mirada y su saludo. Y con su perdón y su interés Jesús está reconstruyendo la casa de Zaqueo. Y enseguida le dice: “Es preciso que hoy me hospede en tu casa.”

La segunda cosa que hace Jesús es traer consigo a Dios, al Padre. Jesús no tiene donde reclinar la cabeza, y sin embargo es un hombre que se encuentra siempre en su casa, porque sabe que su Padre nunca le abandona. “También este es hijo de Abraham,” dirá Jesús de Zaqueo. El Señor nos mira y nos dice: “¡También tú eres hijo!” “¡También tú perteneces a la familia de Dios!” No importa cómo estés o las veces que hayas perdido el camino, si pones a Dios como Padre, entonces puedes empezar a construir un hogar.

Pongamos a Jesús en el centro de nuestra casa y, como Zaqueo, dejaremos de ser pequeños para hacernos verdaderamente grandes. “Hoy ha venido la salvación a esta casa”.


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