XXIX Domingo - ciclo B:
Como sirven los reyes
“El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir, y a dar su vida en rescate por muchos”. También nosotros vivimos con personas a las que querríamos rescatar. La madre quiere rescatar a sus hijos, que se han alejado de la fe. La esposa quiere rescatar a su marido, que vive inmerso en el vicio. El hermano quiere rescatar a su hermano, que no encuentra un camino fijo en la vida. ¿Cómo rescatar a nuestros hermanos? Jesús nos muestra la vía del servicio: “El que quiera ser primero, que sea el servidor de todos”. Para salvarnos, Él se ha hecho pequeño, ha venido a servirnos.
Pero hay veces en que esto no parece bastar. Y es que hay personas que no quieren ser rescatadas, que no quieren abrir los ojos y desprecian todo servicio.
Cuentan la historia del conde Arnulfo, poderoso noble en tiempos del emperador Alejandro. El conde, hombre huraño y orgulloso, tenía la opinión de que, en el fondo, todos los hombres buscan el poder y dominio. Y que incluso aquellos que sirven a los demás están por dentro llenos de resentimiento: se someten por debilidad, porque les falta valor o fuerzas para rebelarse.
¿Y no nos pasa muchas veces que nuestro servicio es el de un esclavo? Hay padres que sirven a sus hijos buscando la recompensa de su cariño, y por eso no son libres para corregirles. O esposos que se sirven mutuamente pero buscan solo el favor del otro, y por eso no son capaces de hacerse respetar.
¿Tenía entonces razón el conde? Un día le llamó la atención un nuevo sirviente que atendía a su mesa, con el rostro cubierto. Estaba siempre disponible, obraba con humildad; pero sobre todo: había en él algo especial, aunque el conde no sabía muy bien qué era. Después de algunos días quiso averiguar la identidad del desconocido. Cuál no sería su sorpresa cuando descubrió que aquel hombre era el mismo emperador. El conde dijo: “Ahora sé lo que había de extraño en tu forma de servir: tu sirves como un rey, no como un esclavo.” El conde cambió de vida al ver el ejemplo del rey: se dio cuenta de que era posible el verdadero servicio.
En nuestras familias estamos llamados a rescatarnos unos a otros. El camino de Jesús es el del servicio. Pero hay muchas formas de servir. Podemos servir como esclavos: por miedo, buscando solo el aprecio del otro. Pero si nos acercamos a Jesús, si descubrimos en Él el centro y la fuente de nuestra vida, entonces nos daremos cuenta de que somos los herederos del rey, amados por Dios como hijos suyos. Y serviremos como sirven los reyes.
Entonces nuestro servicio podrá rescatar a los hermanos. La madre podrá servir a sus hijos sin miedo a ser exigente y regañarles cuando lo necesitan. Los esposos podrán servirse y a la vez reclamar respeto. Podremos perdonar sin miedo a perder nada con nuestro perdón. Nuestro servicio no buscará recompensa, porque sabremos que Dios nos lo ha dado todo.
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