XXVIII domingo, C:

 

La potencia de la acción de gracias

Diez leprosos gritan a Jesús pidiendo ayuda. Todos serán curados, pero solo uno vuelve para dar gracias. El Señor le dice: “Tu fe te ha salvado”.¿Es que los demás no han sido salvados también? La lepra era una enfermedad terrible porque separaba al hombre de la vida en sociedad, de la familia, por miedo al contagio. ¿Es que estos hombres no pueden de nuevo ser miembros activos de la sociedad, comprar y vender, casarse y tener hijos?

Todos han sido curados, solo uno – el que supo dar gracias – ha sido salvado. Con esto Jesús nos indica lo importante que es dar gracias. No es un sentimiento que nos embarga pero que permanece en la superficie. Por el contrario: se trata de la única forma verdadera de formar la sociedad y la familia, de entrar en comunión con Dios y los hombres. Todos han sido curados, solo uno – el que supo dar gracias – ha sido salvado.

¿Por qué es tan importante la acción de gracias? Santo Tomás de Aquino se preguntaba si la ingratitud es un pecado. Responde que sí: hay una deuda contraída cuando recibimos algo. Pero no se trata de una deuda de bienes materiales que se deben dar a cambio, no es deuda de dinero o favores. Se trata de la deuda de la voluntad: lo que se nos da es el amor de la otra persona. Como dice San Pablo: a nadie le debáis nada, más que amor.

Y Santo Tomás añade: el que está agradecido siempre quiere devolver más de lo que le dieron. En efecto, como se nos dio en abundancia, sin que se nos debiera nada, nosotros también tenemos que dar en abundancia, más de lo que recibimos.

Podemos preguntarnos: ¿cómo es posible devolver más de lo que nos dieron, cuando a veces ni siquiera podemos igualarlo? La respuesta es que no se trata de pagar con dinero. Cuando se nos hace un regalo es la otra persona misma la que se nos ofrece. La única forma de devolver un don es con amor. San Juan de la Cruz decía: el amor, solo con amor se paga.

De esta forma se produce un círculo, un círculo de gracias y dones, que hace que la vida de nuestra familia y de nuestra sociedad se ponga en marcha. Cuando hay gratitud un regalo pone en marcha otro regalo más grande y nuestro amor crece siempre más.

Lope de Vega, hablando de la fuerza del agradecimiento en su vida, decía: mi alma tiene tres potencias, memoria, entendimiento y voluntad; pero he hecho tantas cosas movido por los dones que he recibido, que si pudiera nombrar la cuarta potencia del alma, la llamaría agradecimiento.

Eucaristía significa “acción de gracias.” La celebramos cada domingo. En la misa aprendemos a recibir todo de Dios. Si la vivimos con fe, se convertirá en una cadena de amor que hará moverse el amor en nuestras familias y ciudades, siempre creciendo, hacia Dios. Así la gratitud, como a aquel leproso, nos habrá salvado de verdad.


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