Domingo XXV, ciclo C:
Solo los puentes duran
Escuchamos hoy la parábola del administrador injusto. Su amo descubre que no ha obrado bien y le dice que le prepare un balance con las cuentas, pues le va a despedir. Nuestro hombre aguza el ingenio en situación tan desesperada. ¿Qué puede hacer? Si quisiese robar el dinero de su amo, enseguida sería descubierto y le reclamarían lo que no es suyo. Se le ocurre por eso otra idea: va a aprovechar sus últimas horas en el cargo para ganarse amigos que luego le reciban en sus casas cuando se quede sin empleo. En vez de quedarse él con el dinero de su amo, se lo dará a otros, haciéndoles un descuento generoso en la deuda. No se llevará el dinero, pero se quedará con la amistad de aquellos deudores, algo que su amo no puede ya quitarle.
La parábola se aplica a nuestra vida y a la forma en que manejamos nuestro dinero y posesiones. Jesús nos dice: el dinero nunca es totalmente tuyo, cuando mueras lo dejarás a otros. Un proverbio alemán sentencia: la última camisa (es decir, la camisa que nos ponemos al morir) no tiene bolsillos, no podemos llevarnos nada en ella. Como aquel gerente de la parábola tienes solo un breve tiempo para administrarlo. Inviértelo, dice Jesús, en ganarte amigos: la amistad, el amor que hayas sembrado, la sociedad que hayas construido, queda para siempre.
Ocurre como a aquel ejército que estaba acampado en la orilla norte de un río. Sabía que llegaba un invierno muy duro y que aquella región sería castigada con nieves y hielos. Era ya Otoño; tenían a su disposición materiales de todo tipo. Podían empezar a levantar casas que les sirvieran de refugio. Pero sabían que ningún edificio podía retener la fuerza del invierno. ¿Qué hacer? Les quedaba otra opción: ponerse a levantar puentes que les uniesen con la otra orilla. Es lo que hicieron; de esta forma pudieron escapar hacia el sur cuando llegaron los hielos.
Con tus posesiones, tus bienes, tus talentos, tú tienes también una elección. Si los retienes para ti los perderás, pues nunca pueden ser totalmente tuyos. Pero tienes la opción de construir puentes, de hacerte amigos, de edificar una sociedad justa, como nos dice San Pablo en la lectura. De esta forma consigues algo que la muerte no puede robarte, como el amo del administrador tampoco pudo privarle de las amistades que se había granjeado.
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