XVIII Domingo, C:

 

Lo que acumulas... ¿para quién será?

“Necio, esta misma noche te van a pedir la vida. Lo que has acumulado, ¿para quién será?” Son las palabras que escuchó el rico de que nos habla hoy el evangelio. Aquel rico había acumulado muchas cosas. Pero Jesús le llama necio porque ahora no tenía a nadie a quien dejar sus riquezas. Podemos imaginar que este hombre había vivido solo para sí, tan preocupado en sus cosas que no había pensado en el futuro. Sobre todo, no había preparado ningún heredero que pudiera sucederle: pensaba solo en sus propios años de vida sin mirar más allá, a un futuro más grande. Era un hombre sin hijos, sin familia, sin discípulos... su vida era en el fondo estéril, “vanidad de vanidades” como dice la primera lectura.

La Biblia afirma que el verdadero tesoro de los padres son los hijos. Es ahí donde merece la pena invertir. Al que ha formado una buena familia no se le podrá decir lo que a este hombre, porque sabe “para quién será” lo que ha acumulado. Esto significa que ha sabido transmitir a sus hijos mucho más que posesiones o dinero. “No se preocupen en dejar a sus hijos”, aconsejaba un hombre sabio, “grandes riquezas: la mejor herencia es una buena educación, que les permita a ellos construir el futuro.”

Esto se puede aplicar a todo lo que hacemos y a todas las personas, aunque no tengan hijos. Nuestra vida consiste en acumular tesoros: pero, ¿qué tipo de tesoros acumulamos? La pregunta es: ¿son tesoros que pueden transmitirse a otras personas? ¿Acumulamos tesoros en el corazón de nuestro esposo, de nuestros hijos, de nuestros padres? El que es maestro ¿transmite su enseñanza? El que trabaja, ¿transmite su ejemplo y su vida?

Cuentan la historia de una señora que, después de una vida cómoda y tranquila llegó al cielo, donde San Pedro. El Apóstol la condujo a su morada celestial, que era una pequeña chabola con goteras y medio desvencijada. La señora se quejó: “¿es que no tienen en el cielo mejores constructores?” La respuesta de Pedro: “Señora, con los materiales que usted nos ha enviado de la tierra, es todo lo que hemos podido hacer.” Y tú: ¿qué materiales envías hacia arriba?

Jesús nos dice hoy que el verdadero tesoro es lo que podemos transmitir a otros; eso es lo que dura para siempre. Al cielo solo nos vamos a llevar lo que hemos sabido dar, lo que hemos construido en los demás y ha quedado en ellos como un fruto. Hay que acumular tesoros en las personas que nos rodean, saber poner en sus manos el futuro, trabajar para que crezcan y den fruto a su vez.


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