Décimo séptimo domingo - ciclo B:

Hacer de la vida Eucaristía

San Juan nos cuenta hoy la multiplicación de los panes y los peces. El evangelista ve aquí un signo de la Eucaristía: Jesús es el pan vivo que baja del cielo; el que lo come vivirá para siempre.

Podemos meditar hoy cómo Jesús, durante su vida, realizó signos de Eucaristía. Como si dijese: “todo lo que yo hago: acoger a este muchacho, bendecir estos pocos panes, repartirlos a la multitud, recoger doce cestos sobrantes...”; cada pequeña acción de mi vida consistió en preparar la Última cena final, en que os entregué mi cuerpo y sangre”.

Esto es importante para ti porque Jesús te invita a hacer lo mismo que Él: a hacer que cada momento de tu vida se parezca a la Eucaristía. ¿Se parece tu vida de familia, tu trabajo de cada jornada, tu trato con la gente, a la entrega de Jesús? A lo mejor esto te parece muy difícil. Veamos cómo hizo Jesús, para entendernos mejor.

En primer lugar, Jesús se encontraba en una situación difícil. Falta el pan para dar de comer a una multitud enorme. ¿Cómo habríamos reaccionado nosotros? En cuanto notamos una pequeña carencia comenzamos a quejarnos. Siempre nos parece que tenemos pocas cosas y nos agobiamos por conseguir más. A veces eso nos lleva a trabajar demasiado, sin dar tiempo a nuestra familia ni a nuestro Dios.

El Señor, por el contrario, da gracias al Padre por lo poco que tiene. En los pocos panes y peces de aquel muchacho ve un signo de Dios que le cuida. En vez de la queja, le viene el agradecimiento. En cada ocasión de la vida podemos escoger entre lamentarnos de nuestra suerte, olvidando los regalos que Dios nos ha hecho, o ser agradecidos por todo, empezando por la misma vida. El que es agradecido empieza a hacer de su vida una Eucaristía, pues Eucaristía significa precisamente “acción de gracias”.

Las personas que son agradecidas, como Jesús, son capaces de hacer milagros. Como ven en todo un regalo de Dios, saben que Dios no les puede fallar. Por eso Jesús bendice los panes y los empieza a repartir. El que es agradecido pide cosas para los demás, pide un corazón generoso para perdonar, un corazón que sepa ver las penas del hermano para sanarlas. Y Dios le da la fuerza para perdonar y para sanar.

Hay un signo cristiano que nos recuerda la acción de Jesús: la bendición de la mesa. ¿Lo haces en tu familia? Cuando lo practicamos en serio empezamos a convertir toda nuestra vida una preparación de la Eucaristía. Damos gracias a Dios por los alimentos y por nuestra misma vida, lo mismo cuando las cosas van bien, que cuando no. Pedimos que cada comida sirva para unirnos, que sepamos ser tan generosos como Dios. Si este pan viene de Dios, ¿cómo me lo voy a quedar para mí solo?

Como la bendición de la mesa, podrías encontrar muchos más ejemplos en tu vida. El trato con tu marido o tu mujer, con tus padres e hijos. ¿Podrías convertirlo todo en Eucaristía? ¿O sería imposible acercarlo a Jesús y ponerlo junto a Él? Pídele fuerza, cada domingo, para que su cuerpo entregado y su sangre derramada lleguen a todos los momentos de tu vida, sin dejar ninguno fuera.


 

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