Décimo quinto domingo - ciclo B:

De dos en dos

La predicación del profeta Amós era incómoda, pues denunciaba la injusticia en Betel. Por eso le dijeron: “Vuelve a tu país y profetiza allí. Ganarás el mismo dinero y estarás tranquilo, en vez de meterte en problemas”. Pero Amós no podía escoger el lugar donde predicar. “Yo no soy profeta ni hijo de profetas”, dice. La profecía no es el negocio familiar. Es el Señor quien me llamó y me ha enviado precisamente aquí.

Si escuchamos hoy con atención la lectura de San Pablo nos daremos cuenta de que todos nosotros somos también el profeta Amós. El Apóstol dice: Bendito sea Dios que nos ha bendecido, nos ha elegido, nos ha destinado. Por eso tenemos que preguntarnos: ¿cuáles son los lugares adonde el Señor nos envía a predicar? Hay una voz tentadora que nos dice: vete a dar testimonio a otro lugar, podrás ser igual de buen cristiano y no te meterás en problemas. Pero el cristiano no puede elegir ese lugar, porque va allí donde el Señor le envía. ¿Dónde quiere Dios que seas profeta hoy?

Escuchemos el evangelio. Jesús envía a los discípulos a predicar de dos en dos. San Gregorio Magno, el gran doctor de la Iglesia, se preguntaba por qué. Si los hubiese enviado de uno en uno tal vez su predicación hubiera podido ir a más sitios. Pero entonces no hubieran podido predicar lo más importante: el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Para dar testimonio del amor, dice San Gregorio, por lo menos tiene que haber dos personas. Y por eso Jesús los envió de dos en dos.

Y ese es precisamente el lugar donde los hombres no quieren que el cristiano sea profeta. El mundo no aguanta que se le hable del amor, porque ha hecho del amor un negocio o una mentira. Porque el amor verdadero requiere la conversión del corazón; nos pide la pureza y el respeto al hermano, el sacrificio de uno mismo.

Y como la familia es el lugar donde se vive el amor, entonces se nos pide, como a Amós, que no evangelicemos la familia. Vayan a otro sitio donde podrán vivir más tranquilamente y no dar problemas. Pero nosotros no podemos hacer eso, porque Jesús nos envió de dos en dos. Hoy también te envía así a ti, a tu matrimonio, a tu familia. De dos en dos, marido y mujer, a los que se unen los hijos, frutos de su amor. Tu familia no puede quedarse cerrada en sí misma, tiene que propagar la buena noticia de Jesús a todos los hombres.

¿Cómo hacerlo? Escuchemos los consejos de Jesús a sus apóstoles. Les dice que confíen en la providencia: no tomen dos túnicas ni demasiadas provisiones para el camino. Solo daremos testimonio del amor, si confiamos primero en el amor de Dios, en que el nos protege y cuida. Solo su amor de Padre hace posible que nos amemos unos a otros como hermanos. Es un momento para preguntarnos si en nuestra familia se hace presente esa confianza en el Padre, por medio de la oración y la alegría ante los problemas.

De esta forma, igual que los apóstoles, curaremos a muchos, porque solo el amor verdadero sana los corazones.

 

© 2006 Fr. José Granados, All Rights Reserved