Décimo tercer domingo, ciclo C:
Caminar derecho hacia el Padre
Tener un padre es muy importante en la educación. El niño es concebido en el seno materno y allí encuentra su primer hogar: unido a su madre experimenta felicidad y alegría, está seguro de ser amado y aprende a aceptarse a sí mismo. Pero llega un momento en que tiene que abandonar el nido materno: si no, nunca crecerá. Aquí el padre juega su papel: él ayuda al niño a despegarse de la comodidad, a entender la vida como una tarea, una misión en que está destinado a transformar el mundo.
El evangelio de hoy nos dice que Jesús tomó una firme determinación: dirigirse a Jerusalén para dar su vida por la salvación del mundo. Precisamente porque Jesús tiene siempre a su lado al Padre del cielo, porque su alimento es hacer la voluntad del Padre, puede caminar sin miedo en la vida mirando hacia delante. Puede dejar el hogar para poner toda su energía en la tarea de transformar el mundo.
Cuando le falta el padre la persona no sabe qué hacer con la fuerza de sus deseos y aspiraciones y la malgasta en violencia destructiva. Le pasa como a los discípulos de Jesús en el evangelio de hoy. No les han recibido en una aldea y quieren destruirla con fuego del cielo. Jesús les reprende: Dios no obra con violencia. Tener un Padre significa aprovechar de otra forma las fuerzas propias, aprendiendo a transformar el mundo por medio del amor.
Jesús lo muestra cuando responde a uno que quiere seguirle: "Las aves tienen nido, el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza." Al final del camino, en la cruz no habrá lugar para que Jesús ponga la cabeza. Pero Jesús sabrá reclinarla en las manos del Padre. El Padre invita a Jesús a caminar siempre más allá, sin instalarse en sí mismo, a salir siempre de sí para darse a los otros.
Otros dos discípulos quieren seguir a Jesús. Pero los dos piden a Cristo que espere un poco. El primero tiene al padre enfermo, a punto de morir: desea cumplir con sus deberes, enterrarlo. El otro quiere despedirse de su familia. Jesús no se lo permite. Si quieres honrar de verdad a tu padre terreno ve hacia tu Padre celeste, camina con todas tus fuerzas hacia Él. Es una mentira llorar al padre sin honrar de verdad a Dios, que es fuente de la vida. Solo quien va con Jesús hacia su Padre será capaz de vencer la muerte, en la resurrección, haciendo posible de nuevo el encuentro entre padres e hijos.
El evangelio enseña hoy a todos los padres a mirar a Dios, para que les enseñe a educar a sus hijos. Educar es enseñar al hijo que tiene que emplear sus fuerzas en el amor y que solo así se da fruto verdadero. También los hijos aprenden con este evangelio a honrar a sus padres: solo si aman a Dios y caminan hacia Él están respetando de verdad la figura de su padre. Y si tu padre falló en tu vida o no cumplió su misión, no tengas miedo: tienes tu Padre del cielo hacia quien caminar y en donde reclinar tu cabeza.
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