La fiesta de la Santísima Trinidad

Huellas de la Trinidad

Es hoy la fiesta de la Santísima Trinidad. Puede que se nos haga lejana la palabra, sin relación con nuestras preocupaciones de todos los días. ¿Qué tiene que ver la Trinidad con mis preguntas urgentes, con el sentido que doy a mi vida, con las luchas que emprendo cada jornada?

Las lecturas de hoy nos lo dejan bien claro. En el Deuteronomio el pueblo de Israel se pregunta: ¿Hay un pueblo que tenga un Dios tan cercano como el nuestro, un Dios que nos eligió como su pueblo, nos habló cuando necesitábamos orientación y guía, nos salvó de los enemigos? En la segunda lectura se nos dice: no se les ha dado un Espíritu de temor, sino un Espíritu de hijos, para que griten al Padre.

La cosa está clara: decir Dios Trinidad significa decir Dios cercano, un Dios del que se puede escuchar la voz, un Dios que llama a nuestra puerta para que le abramos, le contemos cómo nos va, le pidamos ayuda. Según San Agustín, es un Dios que se ha acercado tanto a la creación, la ha modelado con tanto amor, que en todo lo que ha hecho han quedado las huellas de sus dedos. El santo decía que en todas las cosas se pueden descubrir “huellas de la Trinidad”.

Hay una novela de Julio Verne en que unos hombres naufragan cerca de una isla desconocida. Piensa que la isla no está habitada. Pero poco a poco van ocurriendo cosas extrañas. Siempre que se encuentran en situaciones de peligro sucede algo que les ayuda a salir del apuro, como si alguien les estuviese ayudando. Encuentran en el sitio adecuado una liana para trepar a los árboles cuando las fieras les atacan, o hallan un tronco en el momento justo en que necesitaban una balsa para escapar de un fuego. El grupo se divide: unos piensan que es casualidad; otros se dan cuenta, a través de esos signos, que alguien está en la isla, alguien que quiere salvar sus vidas.

Lo mismo pasa con nosotros, en esta isla de nuestro mundo, que muchas veces parece desierta, pero que está llena de las huellas de la Trinidad, es decir, las huellas del amor de Dios. Nos consuela mucho decir que Dios es amor, pero no nos damos cuenta de que eso supone que hemos de cambiar nuestra vida, abrirle la puerta, mirarlo todo con otros ojos. ¿Descubrimos sus huellas en las cosas pequeñas de cada día?

El evangelio nos pide aun más. “Id por todo el mundo bautizando en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Es decir: son enviados a poner sus huellas, las huellas de la Trinidad, en toda la creación. En nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestros ratos de cansancio y de ocio... se nos invita a poner la huella del Dios amor. No digas que crees de verdad en la Trinidad hasta que no seas capaz de escribir su huella en todo lo que piensas, dices y haces.

 

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