Ascensión: subió al cielo para estar más cerca
Celebramos hoy la Ascensión del Señor. Sube a los cielos y se sienta a la derecha del Padre. Como los Discípulos, también nosotros podemos quedarnos tristes, pensando que Jesús se aleja de nosotros. Pero no es así: Él se va para poder estar más cerca. Una pequeña historia nos ayudará a entenderlo.
Los habitantes de aquel pueblo sufrían mucho: el río del que se abastecían para beber, había empezado a venir con aguas contaminadas. Era necesario un gran trabajo para purificar el agua y poder llevarla a las casas. También tenían que quitarle la suciedad para conseguir regar los campos.
En esto, uno de los habitantes del pueblo decidió emprender un viaje. “Nos dejas solos”, le dijeron sus amigos. “¿No ves cuántos ancianos y niños hay que necesitan que les llevemos agua limpia? Hay mucho trabajo y todos los brazos son necesarios...”
Pero aquel hombre estaba decidido y no se dejó convencer por las súplicas. ¿Hacia dónde se dirigió? Lentamente, remontó la corriente del río hasta que llegó al manantial, en la montaña. Allí estaba el origen de la contaminación de todo el río. Aquel hombre dedicó sus horas a filtrar el agua que manaba de la roca. Así, con su trabajo era capaz de limpiar, no solo unos cuantos cubos de agua al día, sino todo el caudal del río. Aunque se había marchado lejos, toda el agua que se bebía en el pueblo pasaba por sus manos, así que en realidad estaba cerca de aquellos habitantes, dándoles vida.
Algo parecido ha hecho Jesús. Él asciende a los cielos para sentarse a la derecha del Padre, como escuchamos hoy en el evangelio. Esto significa que comparte su mismo poder, su misma actividad y cuidado del mundo, su providencia. Ha ido hasta la fuente misma del agua para poder estar muy cerca de nosotros.
La fiesta de hoy nos enseña que Jesús está cerca, que podemos rezarle a cada momento, contar con su ayuda, dialogar con Él en la oración; que dirige nuestra vida con mano amorosa. Si queremos lo mejor para nuestra familia, para nuestros amigos, en nuestro trabajo, necesitamos la presencia de Jesús, que nos da agua limpia y fresca para la sed.
Pero los habitantes de aquel pueblo no podían quedarse de brazos cruzados. Tenían que seguir yendo por agua al río. De la misma forma, Jesús sube al cielo y desde allí nos cuida, pero quiere también nuestra colaboración y ayuda. “Vayan por todo el mundo a predicar el evangelio”. A través de ti, Jesús estará presente entre los tuyos. Alimentado por la Eucaristía, reconciliado por la confesión, conviértete en signo vivo de Jesús ante los hombres. Él ha subido al cielo para poder estar más cerca de todos. ¿Quieres tú hacerle cercano?
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