Sexto Domingo de Pascua (ciclo B):

El amor sencillo como el agua

 

Dios es siempre misterioso y escondido, más grande de lo que podemos pensar o conocer, no entendemos cómo actúa en el mundo y en nuestras vidas. Y muchas veces estamos tentados de levantar la voz al cielo y gritar: "Señor, ¿por qué?"

Lo que hoy nos anuncia San Juan es que ese misterio de Dios es a la vez tan cercano que se puede decir: "Dios es amor". El misterio de Dios es el misterio del amor, algo que sucede todos los días y que aparece a cada momento en nuestras vidas; y que sin embargo, a pesar de ser tan sencillo, es tan difícil de entender y de poner por obra. ¿Cómo encontrar el amor, cómo construir nuestra vida en el amor, cómo amar de verdad a nuestros hermanos? Son las preguntas más sencillas, pero a la vez las más misteriosas.

Nos ayudará un ejemplo para entender cómo es el misterio de Dios amor. Pensemos en el agua, un elemento tan familiar y cotidiano, algo que encontramos cada día en nuestra vida. Sin embargo, precisamente el agua es uno de los elementos más misteriosos. Fijémonos en las diferentes formas que puede tomar. Fluye como un líquido, pero a la vez puede convertirse en vapor; es dura como el hielo pero también blanda, cuando se convierte en nieve. No hay otro elemento tan cotidiano, pero tampoco elemento tan misterioso.

El agua nos enseña así algo muy importante acerca del amor: "si me amáis cumpliréis mis mandamientos". Otros líquidos parecen tener más sabor, se agitan en constante burbujeo. Pero el Espíritu Santo, como nos dice la primera lectura, está unido al agua, y no a la coca-cola; su riqueza no está en lo extraordinario, sino en su sencillez y utilidad, en el servicio que presta cuando sacia la sed y limpia las manchas. El Espíritu actúa sobre todo en las obras de caridad y misericordia, y no solo donde hay gran sentimiento o cosas extraordinarias.

Además, como el agua que mana sin cesar de la fuente, el amor puede ser siempre nuevo y a la vez permanecer en fidelidad. Las bebidas espumosas solo ofrecen la novedad del instante, pronto se les agota la fuerza. "Permaneced en mi amor". La familia, la Iglesia: hay tenemos el lugar donde aprendemos a amar con constancia, a las personas que ya conocemos bien. No se trata de buscar lo espectacular. El mandamiento de Jesús es nuevo porque el amor, como el agua que corre, siempre encuentra formas nuevas de decir lo mismo: te quiero, te respeto, deseo servirte.

Si el agua puede ser agua viva a diferencia de los demás líquidos, es porque puede evaporarse y subir al cielo; y luego, de nuevo, baja del cielo en forma de lluvia. Tu amor, también, tiene que bajar del cielo, tiene que subir al cielo. "Yo os he elegido a vosotros, para que vayáis y deis fruto". Pídele hoy a Dios, en la Eucaristía, que tu amor se alimente de la oración y que beba siempre del gran manantial: la entrega de Jesús.

 

 


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