La Ascensión de Jesús (ciclo C):

 

La Ascensión de Jesús

Después de estar con sus Discípulos durante cuarenta días, el Señor asciende al cielo. Ya había dicho a los suyos: "Os conviene que yo me vaya..." "Si me amáis, os alegraréis de que me vaya al Padre..." Estas palabras, sin embargo, nos resultan extrañas. ¿Cómo es posible que nos alegremos de que alguien a quien amamos se vaya?

Jesús es el Maestro del amor, el que nos enseña el amor verdadero. También en este momento de su vida, en su ascensión, nos está enseñando lo que quiere decir amar. ¿Qué podemos aprender de Él?

En primer lugar, que a veces el que ama de verdad tiene que alejarse. Esto es así porque quiere que el amado crezca. Podemos poner el ejemplo de unos padres que quieren tener siempre a sus hijos pegados a ellos. Dicen que les aman, pero no les están dejando crecer, aprender a vivir; no saben poner en sus manos una misión y una responsabilidad. Jesús hace lo contrario: da a sus discípulos la gran misión de predicar el evangelio. Para que ellos puedan crecer, Él se aleja. Les deja sin su presencia visible por un tiempo, para que crezca el amor. ¡Cuántas veces experimentamos que la distancia, el respetar al otro, el dejarle crecer sin quererle tener siempre a nuestro lado, hace crecer de verdad el amor!

Pero no es solo eso. Jesús se aleja para poder estar más cerca de nosotros. Esto es así porque Jesús va a la fuente misma del amor, al Padre. Pensemos en un hombre que tiene a su cargo mantener limpias las aguas de un río caudaloso. Trabaja por purificar las aguas, por quitar la basura que las ensucia. Un día aquel hombre se va. Podríamos pensar que ha abandonado el río. Pero no es así: ha ascendido a la montaña, allí donde se encuentra la fuente del agua. Sabe que solo purificando el agua en el manantial podrá sanar todo el río. Lo mismo ha hecho Jesús: subiendo al Padre nos ha hecho capaces de entrar en contacto de nuevo con la fuente del amor. Jesús ahora está más cerca de nosotros, porque está tocando el manantial de donde todo brota.

Así tenemos que obrar también nosotros en el amor a nuestros hermanos, a nuestros hijos, a nuestro marido o mujer. Hemos de ir a la fuente, a la raíz de donde brotan la vida y el amor. Ascender al cielo es la única forma de acercarse de verdad a nuestros hermanos. Hablémosle a Dios de ellos, presentémosles a Dios en nuestra oración. Hagamos que crezcan hacia Dios, que sientan su necesidad en la vida. Aunque parezca que nos alejemos, en realidad nos estaremos acercando a Dios. 

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