Quinto Domingo de Pascua(ciclo C):
Hago todo nuevo
“Mira que hago nuevas todas las cosas.” Son palabras de Dios en el Apocalipsis de Juan, que escuchamos hoy en la segunda lectura. Y también oímos que Jesús dice: “Les doy un mandamiento nuevo.”
La Pascua es el tiempo de las cosas nuevas. En nuestra vida es necesaria la novedad. Es normal: la vida, si no se renueva, desaparece. Lo nuevo es símbolo de juventud: para el joven todo es nuevo. Envejecer significa no encontrar ya nada nuevo que haga renacer la ilusión.
A veces, sin embargo, el deseo de encontrar la novedad es engañoso. Estamos tentados, por ejemplo, de abandonar nuestras responsabilidades. Nos cansamos de nuestro esposo, de nuestra esposa, de nuestros hijos o padres... y buscamos la novedad lejos de ellos. Todo lo contrario es lo que dice la Biblia. El Apocalipsis nos habla hoy de la novia preparada para la boda. Este es el momento en que Dios hace todo nuevo, justo el momento de la fidelidad para siempre. Así te recuerda que solo en tu familia, ese lugar de la alianza para siempre entre hombre y mujer, entre padres e hijos, puedes encontrar la novedad.
Dos granos de arena, aburridos de yacer en el fondo del mar, decidieron ir a explorar el océano y reunirse de nuevo al cabo de cien años para contar sus aventuras. El primero se dejó llevar por las corrientes y paseó entre los corales, subió a la superficie para ver los grandes peces y las tripas de los barcos. Pero al final, cuando ya había visto todo, se aburrió de tanto dar vueltas y se volvió al fondo. El segundo grano no viajó: se quedó dentro de una ostra y esperó allí con paciencia. Adivinan lo que pasó: el grano se convirtió en perla: para él cada día era nuevo, porque iba recubriéndose poco a poco de material precioso. Solo este grano encontró la novedad que dura siempre, porque se transformó él mismo en algo nuevo.
Moraleja: la verdadera novedad no consiste en moverse mucho, sino en permanecer. Para encontrar algo nuevo tienes que tener paciencia, aprender a convivir, a perdonar, a conocer mejor a los tuyos. No se trata de moverse, sino de echar raíces para poder dar fruto. Además, la verdadera novedad consiste en ser transformados, en convertirnos en una perla preciosa. Si tú te haces hombre nuevo, entonces todo será nuevo, nunca te aburrirás, tendrás en ti una fuente de vida.
¿Cómo convertirse en hombre nuevo? El evangelio nos da la respuesta: deja que circule dentro de ti el amor de Jesús, el mandamiento nuevo. Hay líquidos que, al circular por las tuberías, las renuevan, las purifican, y además las recubren de un material resistente. Este líquido que tiene que circular por tu vida es el amor de Jesús. Haz la prueba: pon a circular por tu corazón el mandamiento nuevo, el amor de Jesús. Perdona, reza por los tuyos, sé paciente, siembra alegría. Y verás que todo se hace nuevo en cada momento.
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