La Ascensión del Señor

 

El visado para el cielo

Celebramos hoy la subida al cielo de Jesús. Después de la Resurrección emprendimos un camino con Cristo, el camino de la Pascua. Hemos peregrinado como los dos de Emaús; al principio nuestros ojos estaban cegados por la tristeza pero hemos ido aprendiendo poco a poco a reconocer a Cristo, a encender nuestros corazones en su fuego. Hoy, por fin, Jesús nos indica la meta de ese camino, la subida al cielo.

Hay una antigua tradición en que se nos cuenta cómo Jesús, ya resucitado, entra por primera vez en el cielo. El Señor se encuentra allí unos ángeles, que son los encargados de guardar los portones y de abrirlos a quien corresponda. Ellos saben que el Hijo de Dios tiene que subir, y están esperando que llegue. Sin embargo, cuando ven venir a Jesús, se quedan extrañados. No le reconocen y se preguntan, como hemos rezado en el Salmo: “¿quién es este rey de la gloria?” Ellos esperaban a un poderoso, lleno de fuerza y brío, y ven llegar a un hombre sencillo, que lleva en las manos y en el costado las heridas de la cruz. Entonces Dios, desde arriba, tiene que ordenarles que no tengan miedo de abrir las puertas, que se trata de verdad de su Hijo. Su humildad y su pobreza, sus sufrimientos, son precisamente las armas con las que ha derrotado el pecado y la muerte, y la cruz es su trofeo con el que entra en la gloria de su Padre.

En nuestro camino hacia el cielo también nosotros encontramos luchas, sufrimientos que nos vienen cada día. Tenemos también tentaciones que vencer. A veces nos cuesta perdonar, nos llenamos de ganas de venganza, o queremos abusar de nuestros hermanos. Nos gustaría acabar con todos estos defectos de una vez, y sin embargo la lucha es lenta, y tenemos que trabajar cada día para que poco a poco vaya venciendo el amor.

La fiesta de la Ascensión es el consuelo de nuestro camino, porque Jesús entra en el cielo gracias a las heridas de su cruz. Esas heridas y ese dolor nuestro con el que vamos caminando aquí en la tierra, será entonces como el pasaporte o el visado que nos pedirán para entrar en el cielo. Para tener los papeles en regla nos bastará presentar todos los dolores y las luchas, los trabajos y sufrimientos de nuestro cuerpo por ser fieles a Dios. Dios desde el cielo ordenará a los ángeles: Abrid las compuertas porque estos, con su dolor y fatiga, son también reyes de gloria.

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