Cuarto Domingo de Pascua(ciclo C):
El mejor pastor
El domingo pasado oíamos que Jesús decía a Pedro: ¡Apacienta mis ovejas! Hoy Jesús le enseña a Pedro como llevar a cabo esta misión: aprendiendo de Él, el Buen Pastor. Así ilumina la misión de todos los pastores: los sacerdotes, los educadores, los padres de familia.
Cuentan de un rey que quiso nombrar al mejor pastor de su reino. Reunió a todos y empezó a preguntarles por sus ovejas. Muchos conocían de memoria su peso, las cualidades de su lana y el tipo de queso que producían. Pero luego no sabían distinguir una oveja de otra. No eran buenos pastores.
Otros pastores sabían el nombre de cada oveja, sus pastos preferidos y la música que mejor les tranquilizaba en las tormentas. Pensaron que ellos ganarían el premio al mejor pastor. Pero el rey les dijo: tampoco vosotros conocéis bien a vuestras ovejas.
Al final el rey encontró al pastor que buscaba. Era un hombre que conducía a sus ovejas por lugares difíciles, sin mucho pasto. Por eso tenía que abrirles caminos por senderos nuevos, arriesgándose al borde de precipicios entre las inclemencias del tiempo. Este hombre, dijo el rey, conoce a las ovejas porque sabe abrirles el camino, porque les indica la ruta, porque ha compartido sus mismas fatigas.
Jesús es el Buen Pastor. Él conoce el camino y lo abre el primero, viviendo en este valle de lágrimas y abriendo la senda que va más allá de la muerte. La segunda lectura nos presenta a Jesús como cordero. Es un cordero que se ha convertido en pastor. Conoce a las ovejas porque se ha hecho una con ellas: “El cordero será su pastor.”
Podemos desde aquí mirar a nuestra misión de padres. Nuestros hijos no solo necesitan cariño: les hace falta alguien que les enseñe el camino de la vida. Esto significa también: alguien que les exija, que les señale la ruta, aunque eso signifique el esfuerzo de caminar en las dificultades. Para exigir, hay que ponerse delante, abrir el camino. Solo el que es generoso puede enseñar en la generosidad. Solo el que ora puede educar en la oración.
Un buen pastor sabe también mirar al cielo. Del cielo viene la lluvia que fecunda los campos para que el rebaño encuentre alimento. ¡Qué importante es para el pastor conocer los signos del cielo en el camino de las ovejas! Hoy Jesús dice: Nadie arrebata las ovejas de la mano de mi padre. Conocer a las ovejas es saber que pertenecen al Padre. Del mismo modo, conocer a tus hijos, ser su pastor, significa saber que están en las manos del Padre, que su destino es el cielo, que no son tu propiedad sino una misión de Dios para que los conduzcas a Él. Tu responsabilidad es educar a los hijos para que caminen hacia Dios.
Los padres solo sabrán educar si aprenden a mirar al cielo. Para aprender a ser pastores hemos, pues, de acercarnos a Jesús, el Buen Pastor. Él conoce también las dificultades de cada padre y madre. Sólo en la oración y en la Eucaristía se encuentra la fuerza para llevar a cabo su misión: ¡Apacienta a mis ovejas!
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