Tercer Domingo de Pascua(ciclo C):

 

Perdonar es resucitar

En el evangelio de hoy escuchamos la aparición de Jesús a sus discípulos mientras pescan en el mar de Galilea. Solo cuando llega el Señor pueden encontrar una pesca abundante. Luego se acercan a la orilla y Jesús les ha preparado el desayuno, un poco de pan y algunos peces.

También nosotros escuchamos en cada Eucaristía la invitación de Jesús a desayunar con Él, a compartir con Él el alimento. Sentarse a la mesa es un símbolo de que se tiene una misma vida. Podríamos pensar que hay una gran barrera entre Jesús resucitado, libre ya para siempre de la muerte, y nosotros, sus discípulos. Sin embargo Él nos sigue invitando a comer, a compartir el mismo alimento. De esta forma nos dice: Si yo he traspasado la barrera de la muerte y vosotros compartís mi comida, mi Eucaristía, entonces es que también vosotros estáis ya del otro lado, también vosotros podéis vencer a la muerte. Los primeros cristianos llamaban a la Eucaristía pan de inmortalidad, porque en Él se comparte la misma vida del Resucitado.

Pero para compartir la mesa de Jesús hay que eliminar lo que nos separa de Él, el pecado. Escuchamos hoy también la conversación entre Jesús y Pedro. El Apóstol le ha negado tres veces y el Señor le pregunta tres veces: ¿me amas?

¿Por qué nos resulta tan duro perdonar y pedir perdón? Es que nos fijamos solo en la ofensa realizada, en el pasado que no podemos cambiar. Por supuesto que esto es importante, que hace falta confesarse pecador. Pero no podemos quedarnos solo en eso, como nos recuerda Jesús: solo se puede pedir perdón y perdonar si se mira hacia delante, hacia el amor que es nuestra tarea.

Jesús recuerda a Pedro su pecado cuando le pregunta tres veces por su amor. Pero no se fija solo en las negaciones del Apóstol, sino sobre todo en el camino que viene, en el amor que le pide a Pedro, en su misión y en el servicio que va a realizar.

Ocurre en esto como al pintor de óleos que da una pincelada en falso y provoca un gran borrón en su pintura. ¿Cómo eliminar la mancha? Primero hay que reconocer el error. Pero luego no sirve de nada quedarse mirando al borrón y tratar de quitar la pintura. Así solo emborronaremos más y más el dibujo. Lo que hay que hacer es seguir pintando: los colores nuevos irán corrigiendo el fallo, disolverán la pintura vieja y harán que se funda con los otros rasgos del retrato.

Jesús nos invita a mirar al amor que podemos poner en marcha para limpiar nuestros pecados. Su resurrección abre siempre caminos. No te quedes mirando atrás, pregúntate mejor: ¿qué puedo hacer por Jesús? Y cuando tengas que perdonar a otro, obra de la misma forma. En vez de pensar en la ofensa, mira hacia delante, al amor que podéis construir juntos, a las nuevas pinceladas que pondréis en el cuadro para corregir el fallo.

Pedro recordará la lección. Y por eso escribirá en su carta: “El amor cubre multitud de pecados.” (1 Pe 4:8)

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