Segundo Domingo de Pascua (ciclo C):

 

El aliento de vida y el costado

El evangelio de hoy nos presenta las apariciones de Jesús a los discípulos. Jesús realiza en ellas dos signos de la buena noticia de Pascua. Primero sopla sobre los discípulos para entregarles el Espíritu. Después muestra a Tomás su costado para que meta en él la mano y crea en Jesús.

Estos dos signos aparecen también en la creación del primer hombre y la primera mujer, en el libro del Génesis. Dios formó a Adán de la tierra y sopló en sus narices un aliento de vida. Después sacó a Eva de su costado. De esta forma estaba resumiendo la existencia y el camino del hombre: la vida se recibe de Dios, en forma de un soplo que vivifica; y es una vida que tiene que realizarse en el amor: Adán está llamado a aceptar a la mujer que Dios ha tomado de su costado, a entregarse a ella; y la mujer está llamada a amar a su marido. De esta forma los dos encuentran la vida verdadera, hacia Dios.

“Yo soy el viviente,” dice Jesús en la primera lectura. El Señór, en la cruz, transformó la muerte en amor. Eso quiere decir que en la resurrección Él ha unido para siempre vida y amor, los dos signos del aliento de vida y del costado de donde brota el amor.

Nosotros, por el contrario, siempre tratamos de dividir vida y amor. Por un lado, imaginamos la vida como poder y dominio. No nos damos cuenta de que el aliento de vida viene del Padre y que solo podemos poseerlo si a nuestra vez lo entregamos en el amor. Todo lo que no se da, se pierde; la vida solo se conserva si se da en el amor a Dios y los hombres. Jesús, con su resurrección, nos enseña la verdadera vida. Él, que lo dio todo, es “el viviente,” “el que tiene las llaves de la muerte y del abismo.” Muchas habían tratado de abrir esta puerta de la muerte, pero ninguno había probado con la llave de un amor tan grande.

Otro de nuestros problemas es que separamos el amor de la vida. Nuestro amor es débil, porque busca solo el abrazo y la caricia, pero no construir de verdad a la otra persona, dar vida. Preferimos un amor sin compromiso, que no cargue sobre sí la responsabilidad de nuestros actos. Y así no nos atrevemos a exigir a nuestros hijos, o a dialogar de verdad con nuestra pareja, o a luchar para que nuestros amigos crezcan... Jesús, sin embargo, ha unido para siempre el amor y la vida: su amor, el costado abierto que Tomás toca, ha manado sangre y agua para que de él naciera la Iglesia, para darnos vida a ti y a mí. Es un amor que permanece, que quiere quedarse con nosotros.

Hoy es el domingo de la misericordia. La misericordia de Jesús quiere decir que en Él se han unido para siempre vida y amor. De su costado abierto por amor brota la nueva vida que Él te quiere entregar hoy. Pon tu mano en su costado y vivirás.

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