Quinto domingo de Cuaresma
La fidelidad es siempre nueva
Celebramos hoy el último domingo de Cuaresma antes del domingo de Ramos. Durante este tiempo hemos aprendido a mirar hacia atrás, hacia el pasado. Hemos recordado nuestros pecados y hemos pedido perdón. Pero ahora que nos aproximamos al final, las lecturas nos invitan a mirar hacia delante, al futuro. “Olvida las cosas pasadas,” dice la primera lectura, “mira que hago algo nuevo.” Y San Pablo: “olvidándome de lo que está detrás, me lanzo hacia lo que está por venir.”
¿Cómo es posible mirar hacia delante y olvidar un pasado que tantas veces nos aprisiona? ¿Es posible empezar una historia distinta, sin caer de nuevo en nuestro mismo pecado?
El evangelio nos cuenta la historia de aquella mujer adúltera que llevaron delante de Jesús. Los fariseos le preguntan si deben lapidarla como manda la Ley. Responde Jesús: “El que esté sin pecado, tire la primera piedra.” Al leer esta escena recordamos el gran pecado del pueblo, que es también nuestro pecado: la infidelidad. Somos como una mujer adúltera que abandona a su marido. El que es infiel está siempre buscando cosas nuevas: se aburre de su marido o su mujer, está cansado de sus hijos y de sus obligaciones cotidianas. Quiere escapar para buscar lo nuevo.
Se parece a aquel centinela que, en una noche muy oscura, estaba harto de tanta monotonía y se montó en un avión, viajando a gran velocidad, para encontrar algo nuevo. Pero aquel hombre iba hacia el oeste, y giraba a la misma velocidad de la tierra, manteniéndose siempre en el lado oscuro del mundo. Iba muy deprisa pero nada cambiaba: todo era noche. Si hubiese aguantado en su puesto de vigía, pronto habría llegado algo totalmente nuevo: el sol habría iluminado su oscuridad.
En el evangelio Jesús es precisamente el esposo, que viene a perdonar a su pueblo, la mujer adúltera. “Yo tampoco te condeno.” Jesús perdona a la mujer porque Él es fiel al pacto de amor: “Aunque nosotros le neguemos Él permanece fiel...” Solo el que es fiel, el que permanece en su sitio, puede perdonar a los demás. Dentro de poco celebraremos la Pasión, que es el acto de fidelidad de Jesús: fidelidad a su Padre y a sus hermanos, fidelidad hasta la muerte. Porque Él conservó su puesto, porque fue fiel a su misión, puede abrirnos un camino nuevo y convertirse en fuente en el desierto.
Si te aburres de tu familia, de tu trabajo, de tu servicio a Dios, si estás tentado de escapar, recuerda que solo el que es fiel encuentra un camino nuevo. Acércate a Jesús: en la confesión y la Eucaristía te invita a permanecer en tu puesto. ¿Quién abre realmente un futuro nuevo, aquel grano de trigo llevado por el viento, de país en país; o aquel otro grano que permaneció en su sitio, que se enterró en la tierra y dio fruto abundante, el de la espiga y el pan?
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