Segundo domingo de Cuaresma, ciclo B:
El Corazón del Padre
Este domingo toca a Abraham iluminar nuestro camino de Cuaresma. Dios hace salir a Abraham de su tierra en busca de una nueva patria. No solo eso: una vez le ha nacido el hijo de la bendición, le hace caminar de nuevo, esta vez hacia lo alto de un monte, para que sacrifique a su unigénito. ¿Qué nos quiere decir con esto el Señor? Por un lado mostraba que a Él no le complacen los sacrificios humanos. Pero, por otro lado, quería enseñar a Abraham la forma verdadera de ser padre.
Necesitamos recordar, primero de todo, que ser padre significa sufrir. Las madres saben esto muy bien, porque les ha costado trabajo dar a luz. El padre, sin embargo, tiene que aprenderlo durante la vida de su hijo. Este sufrimiento consiste en renunciar a un amor posesivo: los hijos son siempre un don de Dios, y no un deseo o un capricho nuestro. Hay que estar dispuesto a desprenderse de ellos, a entregárselos a Dios. Además, se nos han dado como una tarea, una misión: no solo para que les transmitamos la vida corporal, sino también la salvación del alma. ¿En qué consiste la salvación? Significa sobre todo la obediencia a Dios, la entrega a Él, ser generoso con el Señor y los hermanos.
Abraham fue un ejemplo para Isaac, le enseñó la obediencia más perfecta, la confianza total en Dios. Enseñar a su hijo no era fácil: tenía que arrancarse su propio corazón. También muchas veces, a los padres, les cuesta exigir obediencia a sus hijos, formarles con rectitud. Es más fácil el mimo, la caricia, darles la chuchería que piden. Y es que para enseñar la generosidad y la obediencia solo hay una receta: ser uno mismo obediente y generoso.
Otras veces nos da miedo que se enfaden con nosotros, que no nos muestren su cariño. Nos falta la confianza en Dios de Abraham que, a través de su dolor, precisamente porque no tuvo miedo de perder a su hijo, lo recuperó lleno de bendiciones.
En este domingo vemos sobre todo el significado de la Cuaresma: se abre el corazón mismo del Padre. “Abraham”, decía el Papa Juan Pablo II, “tuvo la experiencia de lo que pasaba en el corazón del Padre”. En la Cruz, Dios no se guardará para sí a su propio Hijo, sino que lo entregará para nuestra salvación. Jesús, en el monte Tabor, va a comenzar su camino, un éxodo que terminará en el Calvario. Si le seguimos Él nos enseñará a dar la vida, a aprender la misericordia de Dios.
© 2006 Fr. José Granados, All Rights Reserved