Segundo domingo, ciclo A:
Las alas de una misión
Ha comenzado un año nuevo. Es momento de mirar adelante y pensar cómo va a ser nuestro recorrido durante los meses que vienen. Miramos a nuestra familia, a nuestro trabajo. A lo mejor este nuevo comienzo se nos hace pesado: lo vivimos como una carga que hay que continuar arrastrando por la vida.
Las lecturas de hoy nos presentan la forma cristiana de acercarse a este nuevo año. Hay una palabra que resume su contenido: nuestra vida es una misión. La palabra viene del latín y significa: envío. Es decir, somos enviados, alguien nos ha encargado una tarea. Así, la primera lectura nos habla del siervo de Yahveh, elegido y enviado. San Pablo, por su parte, nos dice: soy un apóstol, que en griego quiere decir también “un enviado”. Y en el evangelio vemos a Jesús, que recibe la fuerza del Espíritu y se encamina así a su misión, su envío: predicar y sanar a los hombres de sus males.
¿Qué quiere decir entender la vida como misión? Nos puede servir esta vieja historia de cuando Dios creó los pájaros. A diferencia de los demás animales, el Creador les puso un par de alas a la espalda. Pero como las aves no habían visto a nadie volar, no entendieron para qué tenían aquello. Pensaron al principio que se trataba de un castigo: Dios les había puesto un peso a las espaldas. Ahora no podían correr tanto como los otros. Sus depredadores les apresarían con facilidad.
De la misma forma podemos mirar nosotros a todo lo que llevamos a cuestas en nuestra vida. Podemos entenderlo como un peso, una carga que hay que arrastrar: está tu trabajo rutinario que muchas veces te aburre; están tus hijos que te preocupan y te resulta tan difícil educar.
Pero esos pesos son en realidad alas que nos permiten volar. Si desapareciesen nuestra vida se pararía, no seguiríamos creciendo. Plantaríamos nuestra tienda de campaña y nos echaríamos a dormir en medio del camino.
¿Cómo transformar las cargas en alas? Los pájaros tuvieron que aprender a mover las alas, a agitarlas hacia el cielo. Del mismo modo tenemos que saber nosotros que nuestra vida viene de Dios, que es Él quien nos la ha confiado. Misión significa algo recibido, significa que venimos de otro más grande en quien siempre podemos apoyarnos. Él te ha dado tus hijos para que los eduques y tu trabajo para que transformes poco a poco el mundo. Por eso, el que tiene una misión no tiene miedo, sabe que no está solo. Mientras las cargas solo producen dolor de espalda, la misión se convierte en una fuerza que eleva, que nos hace dar un fruto en que nunca soñamos.
Tú eliges: cada actividad de este año será ala o será carga. Será peso o será misión. Será un pesado fardo o la fuerza del Espíritu que hincha tus velas y te lleva más allá, hacia Dios.
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